viernes, 20 de enero de 2012

La Hora Que Pasa


Entrega tu labor: tu tela, tu ladrillo, tu cántaro o tu poema. Hoy, no tienes
más hora segura que la que pasa; no puedes contar sino con esos latidos de tu
corazón, con ese aliento que se exhala de tu boca, con la claridad de los ojos
tuyos en esta hora.

La muerte, tal vez, ya tiene tus pies dentro de su telaraña aterciopelada y
blanda, y sube... y sube...

Y el pensamiento de que la muerte te espía, empinada por sobre tu cabeza, no
te deje caer las manos, más bien te enardezca. Te hicieron un instrumento frágil
y tu maravilla es esa misma fragilidad.

Algunos árboles quintuplican su vida; pero a ti te han sido dados sólo unos
días prodigiosos.

Siente ¡qué vivos y frescos están tus sentidos en esta hora! ¡qué alegre va
la onda de tu sangre del tronco a los brazos y llega a la punta de tus dedos que
se te ponen como temblorosos de ansia! Toma tu pañuelo o tu porcelana.

Apresúrate a dejar pintado el semblante de tu alma en la faena. No quedarán
más retratos tuyos verdaderos que ese que haces sin saberlo en la firmeza del
cañamazo que tejes o en la terca apretadura de los ladrillos que vas cortando.
Pintas el rostro de tu coraje, el perfil de tu voluntad, tu alabanza o tu
frenesí.

En este instante no dejes que caiga en vano el sol sobre tu espalda; devuelve
el soplo de viento, lleno de olores fértiles, que debes delante de los surcos.
Devuélvelo todo. Esta es la insigne cortesía del hombre hacia las cosas. Sé el
que devuelve siempre, el que no hace trampas a la vida, el que recibe con una
mano y está pagando con la otra.
El antiguo caballero era así; la mujer fuerte de la Biblia también,
devolvían, no hacían sino devolver.

¡Hoy di la palabra en tu mente y que te queme de noble impaciencia! Para
hacer la silla donde se sentará tu madre tienes, carpintero, esta hora. Y tú la
tienes, doncella, para llenar de lana la almohada del hermanito menor, donde
dormirá acordándose de ti muchas noches.
Y para enseñar en tu clase lo que quieres dejar hincado en la carne de la vida,
maestra, tienes esta hora, la hora que pasa. ¡Mira si será maravillosa!

Es un hilo de tu sangre que está resbalando y que lo gastes o no, te deja
disminuido, menguado. Porque el tiempo, desde que nacemos, es como eso vasos que
tienen una grieta delgada.

Hoy, toda la obra que viniste a hacer está golpeando a tu pecho imperiosa, ¡Y no la sientes!
Gabriela Mistral
No existe mejor compañia que la de aquella persona que se toma un poco de tiempo para buscar algo que te haga reflexionar. Gracias Mike Baez. Te amo.

sábado, 7 de enero de 2012

Mi dilema

Estar contigo ha resultado un dilema, tan hermoso y recurrente.
Y es que dejarte sin aliento en cada beso implica no escuchar las palabras que emergen de tu corazón y resuenan en el viento con tu voz.
Estar contigo es un dilema porque quiero besarte con los ojos cerrados para imaginar y soñar, pero también quiero besarte con los ojos abiertos para convencerme de que estas aquí.
Pero ¿sabes? este dilema no le gana al sentimiento que sin dudar me hace exaltar.

jueves, 5 de enero de 2012

¿Ya fueron muchas preguntas, no?

No niego que algunas veces quisiera escapar, ¿de qué? no sé.

A veces es simple describir que entre tantas ausencias siempre hay alguien que me acompaña, otras veces es más cómodo enorgullecerme de lo ágil que resulto luchar sola.

Pero cada día su nombre aparece en mi camino, cada que pienso en él me hago un par de preguntas que en ocasiones es fácil responder y otras tantas no es necesario hacerlo.

Cuestionarme periódicamente se ha vuelto un desastre... Hoy solo quiero reír, sin preguntar, sin responder.