Fuiste mi único libro por mucho tiempo.
Recorría cada una de tus páginas con asombro y dicha.
Aprendí a leerte entre líneas, a conocer la rima con que
andabas y aprendí en que momento hacer una pausa.
Seguías siendo mi libro preferido; pero las letras en tus
páginas comenzaron a perder color, se volvieron difusas y dejé de entender.
¿Qué paso? ¿Por qué dejaste de llevarme de la mano por ese
camino tan tuyo?
Ahora eres un libro, uno que después de tiempo he vuelto a
abrir.
Pero queda muy poco de aquella historia que comencé a leer.
Ahora le doy vuelta a las páginas y a ratos desconozco a los
personajes, la historia y cada verso.
Te convertiste en pasado, en las letras de una corta
historia.